Día del Investigador e Investigadora Científica
Investigar entre deseos, diálogos y tensiones. Entrevista a Juan Marco Vaggione
En un contexto de cuestionamientos al sistema científico, Juan Marco Vaggione, investigador principal del CONICET en el IDEJUS, reflexiona sobre las implicancias de investigar, el vínculo entre academia y sociedad y las tensiones entre priorizar y disciplinar la producción de conocimiento.
En un contexto marcado por el desfinanciamiento del sistema científico y por discursos que cuestionan el sentido de las ciencias básicas —con un fuerte énfasis en las ciencias sociales—, conversamos con el sociólogo Juan Marco Vaggione, investigador principal del CONICET en el Instituto de Estudios sobre Derecho, Justicia y Sociedad. Desde su trayectoria, reflexiona sobre la producción democrática del conocimiento, el diálogo entre la academia y los movimientos sociales como parte de ese proceso y el disciplinamiento como un mecanismo de control que busca homogeneizar la ciencia.
Cuando hablás de investigar, ¿de qué prácticas estás hablando o en qué estás pensando?
Me gusta pensar que la producción de conocimiento tiene que ver con un diálogo que no es solo diálogo académico, sino que también es un diálogo político, para pensar cómo se construye una sociedad más justa. Creo que no son dos formas de producción de conocimiento que están enfrentadas, que se oponen. Ni una pierde objetividad, ni la otra se vuelve ideológica, todo lo contrario, siento que son absolutamente complementarias. Me interesa producir conocimiento en diálogos con quienes están en la arena pública. Yo, por ejemplo, aprendí muchísimo reflexionando con la organización Católicas por el Derecho a Decidir. Muchas de las cosas con las que yo reflexiono y pienso con la teoría, y traduzco o produzco, o les pongo un formato de artículo, están vinculadas con esos diálogos de producción de conocimiento compartido. También estuve mucho tiempo en contacto con organizaciones vinculadas al trabajo sexual. Muchas de las cuestiones en las que yo pienso la sexualidad, el género y el papel del derecho cuando investigo, también vienen de esos diálogos.
En eso que planteás, ¿cómo se articulan esas dos formas de producir conocimiento: la académica y la que surge del vínculo con movimientos sociales y experiencias situadas?
Sin duda, leer un libro, formarse académicamente, saber cuáles son los clásicos de la sociología, entender lo que dice Judith Butler, es una parte importante de la carrera y es una parte necesaria vinculada a la formación profesional, pero existe otra parte en la que uno comprende vidas situadas, experiencias personales propias o ajenas que se vincula a los temas que se está investigando, que también son relevantes. Por eso, ese otro perfil de una persona que hace investigación y que articula con las organizaciones de la sociedad civil o con los movimientos sociales me parece también relevante, porque son formas distintas de producir conocimiento y de imaginar otros mundos posibles.
El conocimiento no solo se produce en la academia y por parte de los y las investigadores e investigadoras, también lo producen los movimientos sociales, las organizaciones de la sociedad civil. Entonces, para mí, es necesario integrar estas otras formas de conocimiento, integración que pasa por un diálogo más horizontal con otros y otras personas que producen conocimiento desde los movimientos sociales.
En tu recorrido personal, ¿qué te moviliza para elegir un tema de investigación?
En mi experiencia lo importante es elegir temas que te atraviesen. Hay algo del deseo, de la pulsión de querer entender cosas que te resultan complejas o de querer cambiar algo que te parece injusto que es mucho mejor que elegir temas con los que no tenés ningún tipo de vinculación ni política, ni biográfica, ni afectiva.
Esto me permitió sentir placer por lo que hago y me permite una entrega que va más allá de una profesión o de tener que publicar artículos. Me dan más curiosidad aquellas temáticas en las que yo no estoy fuera, de las que yo soy parte. Eso para mí es un desafío, por lo menos en mi biografía como investigador esta vinculación ha estado siempre presente.
En algún punto, aparece una pregunta más de fondo: ¿para qué investigar hoy? ¿Qué sentido tiene, más allá de lo profesional o lo académico?
¿Para qué investigo? Es una pregunta compleja y que me surge responder de diferentes formas. Por un lado, investigo para cobrar un sueldo, para que me citen tres personas más que el mes pasado y, también, para tratar de impactar en el mundo que uno vive, tratar de comprenderlo, ayudar a comprenderlo y que te ayuden a hacerlo de maneras más profundas. O sea, sin dudas es una profesión, es un trabajo y sin dudas todos y todas trabajamos para sobrevivir y hay una dimensión del trabajo que se vincula a las necesidades y existencia material. Pero, por otro lado, esta profesión, al menos para mí, se vincula a lo emocional, a lo sensible, a la defensa de ciertos valores y esta vinculación también me parece importante rescatarla. Investigar, para mi, implica imaginar mundos más justos que, aunque suene con cierto romanticismo, me parece que también es una parte de la profesión que hay que seguir defendiendo.
En el contexto actual, donde se cuestiona el financiamiento y el sentido de la investigación —especialmente en ciencias sociales y básicas—, ¿cómo leés estas críticas y el rol del Estado en definir qué se investiga?
“Pretender una sola forma de producir conocimiento nos empobrece”.
Como marco general, me parece que la producción del conocimiento tiene que ser democrática y la democracia implica, entre otras cosas, el pluralismo. O sea, hay distintos modelos de ciencia, hay diferentes objetivos, hay distintas formas de y motivos por el cual se produce conocimiento científico. Entonces, me parece que, en primer lugar, es importante tener en cuenta que pretender un solo objetivo, una sola forma de producción de ciencia, nos empobrece. Por ello, rescatar el pluralismo como eje en la producción de conocimiento es, creo, reconocer la dimensión democrática que tiene la investigación. Reconocer este pluralismo, estas formas distintas de investigar, muchas veces en tensión, fortalece, para mi, el carácter democrático de la investigación.
A mí no me parece mal que los gobiernos pongan líneas prioritarias. Me parece que un Estado comprometido con la investigación puede elegir y priorizar ciertos temas relevantes para el país. Y vuelvo al tema anterior, esas líneas prioritarias deben escogerse de formas democráticas. El Estado no es una persona, es una institución en tensión, con mecanismos para articular el pluralismo, incluso el pluralismo en las formas de investigar. Lo que está pasando ahora no es para mí una elección de prioridades, sino el tratar de borrar, disciplinar, expulsar formas de investigar. Y eso sí es completamente distinto a priorizar líneas de investigación.
Hablás de “priorizar” como algo distinto de “disciplinar” o “expulsar”. ¿Cómo se entiende esa diferencia en la práctica?
“Una producción de conocimiento democrática necesita pluralismo”.
O sea, una cosa es priorizar, otra cosa es disciplinar, borrar o expulsar. Yo sí creo en que un país democrático puede priorizar las investigaciones a financiar. También creo que un país que solo priorice la investigación aplicada y no considere la investigación básica como importante, se está equivocando. Puede priorizar pero eso no significa disciplinar, expulsar, ignorar, invisibilizar, burlar líneas de investigación. Y ahí es donde me parece que este gobierno pasó esa línea. No está priorizando, aunque dice que sí, sino que lo que está haciendo es expulsando, borrando, invisibilizando. Y no solo en investigación, sino es la forma política de ejercicio del poder. Es la gobernanza que este gobierno está poniendo en juego. No es que está priorizando el achique del Estado o reducción del gasto público, porque en ciertas áreas gubernamentales, como en defensa o en seguridad, este objetivo no existe. Detrás del argumento de reducir o achicar el estado, se expulsan, limitan o se frenan ciertas formas de pensar e, incluso, de investigar. Para cerrar, creo que reducir el pluralismo en las formas de producción de conocimiento científico, limita lo que una sociedad puede pensar y debatir sobre sí misma.
Por Cecilia Agonal- Área de Comunicación del IDEJUS
Juan Marco Vaggione es Abogado, Doctor en Derecho (UNC) y PH.D. en Sociología (New School University, New York). Es director académico del Proyecto de Unidad Ejecutora (PUE) del CONICET en el IDEJUS. Actualmente se desempeña como Profesor de Sociología Jurídica en la Facultad de Derecho (UNC) y es integrante de la Red Alas (Académicas/os del Derecho). Su tema de investigación es “El conservadurismo moral en América Latina, dimensiones religiosas y seculares” y busca caracterizar y analizar los actores, discursos y acciones estratégicas que se activan en contra del reconocimiento y vigencia de los derechos sexuales y reproductivos en Argentina.